La CVVP redobla las inspecciones para defender al socio frente a quien plante o injerte la variedad antes del fin de su protección oficial.
La mandarina Nadorcott (inicialmente llamada Afourer) es de origen marroquí y fue la primera variedad de cítricos que solicitó y logró en la UE su registro en la Oficina Comunitaria de Variedades Vegetales, lo que en la práctica significa que sólo pueden producirla quienes pagaron los derechos (royalties) exigidos por los obtentores. En el primer momento fueron sólo 7 euros por árbol, pero el precio fue subiendo después, sobre todo cuando se fueron incorporando otras variedades registradas que salieron al mercado con precios superiores. En casi todas las variedades registradas (o patentadas, para entendernos), sobre todo las tardías, ha habido una constante que caracteriza lo que en el sector se conoce ya como ‘variedad de club o prémium’: su mayor cotización en campo y en los puntos de venta final merced al carácter controlado de su producción, no sometida en igual medida a las frecuentes tensiones de excesos de oferta de otras variedades libres.
En ese tarea ha resultado esencial la labor realizada por CVVP, potenciando la variedad y controlando y denunciando a productores sin licencia que desoyeron avisos y advertencias, en la creencia de que no les pasaría nada. La consecuencia fue que se derivaron múltiples litigios que acabaron en importantes sanciones e indemnizaciones, aparte de tener que eliminar las plantaciones ilegales.
Así como al principio hubo agricultores que, por falta de costumbre hasta aquel momento o por entender que sería difícil pillarles, infravaloraron lo que pudiera ocurrir, se arriesgaron a probar y perdieron, en estos momentos se están produciendo movimientos e iniciativas de signo parecido, a la vista de la relativa proximidad del fin de la protección de la variedad.
Teniendo en cuenta que la citricultura tiene plazos largos, no de meses como en horticultura, hay quien piensa -y hace, o aconseja- que si se injerta un campo con yemas de Nadorcott, o pone plantones de la misma, la producción tardará al menos dos o tres años, con lo que se llegaría a 2029, o en vísperas, en muy buena posición de salida: a punto para tener cosechas apreciables, las cuales aún gozarían de precios altos.
Lo que buscan, quienes así razonan, es anticiparse. Porque lo previsible es que, conforme vaya perdiendo su exclusividad en el registro cada variedad protegida de éxito, se multiplique enseguida la expansión de nuevas plantaciones, con lo cual puede llegarse pronto a nuevos excedentes y caídas de precios. De manera que si en vez plantar o injertar después del 29, cumpliendo la ley, se hace antes, quien lo intente gana tiempo. O eso cree, porque le pueden pillar, y medios no faltan, cada vez hay más.
Según han explicado Luis Trujillo y Reyes Moratal, presidente y directora de la CVVP, lo que va ha hacer esta entidad es lo que viene haciendo sistemáticamente en defensa de los intereses de sus socios o licenciatarios, de esta variedad y de las demás que controla (Leanri, Earlina, Clemenlola, Red Lina…) El objetivo es alargar al máximo los rendimientos de exclusividad de los productores legales de Nadorcott; para ello deben ocuparse de apartar a quienes intenten adelantarse sin tener licencia. Para ello van a redoblar esfuerzos inspectores en todos los órdenes: persistentes revisiones directas en campo y en todas las áreas productoras, manejo de imágenes de satélites y drones permanentemente actualizadas; controles de trazabilidad en mercados, áreas comerciales y puntos finales de venta… Y toda esta labor no cesará al final de 2029, sino que continuará varios años después, mientras quepa demostrar que alguien hizo lo indebido cuando no podía.
Cabe que se presenten dudas sobre cómo se puede demostrar, por ejemplo, pasados años, que tal injertada se realizó antes de 2029. No lo duden, se puede, por los anillos de las ramas, por las fotografías aéreas del SigPAC y Catastro, incluso por los registros obligados de cada productor. Ha habido casos en los que el juez, ante las declaraciones olvidadizas del denunciado («no me acuerdo cuándo se injerto») le espetó algo así como «no me diga que con su volumen de negocio usted no lleva un registro y sabe quién y cuándo hizo ésta u otra tarea». Ahora es obligado el cuaderno de campo. Y ante la posible excusa de que «no es esa variedad, sino la otra», están los métodos que se basan en marcadores moleculares.
Un consejo a quien crea que puede arriesgarse: no se anticipe pensando que puede salir airoso. Los productores legales de Nadorcott van a intentar alargar al máximo las opciones de su variedad y para ello no dejarán que los de fuera entren antes de hora de ninguna manera.
Noticia publicada en Las Provincias.